Escribir esto hace que se convierta en realidad aquello que viví desde septiembre del 2015.
Ya todo ha terminado, (¿por fin?)
Quizá no he sido consciente, hasta ahora, de que, a día de hoy, HE TERMINADO UNA CARRERA UNIVERSITARIA. Carrera que jamás me había planteado, porque desde siempre tenía muy claro lo que quería ser. Puede que, por esta razón, me impresione ver hasta dónde he llegado.
Sin embargo, el camino hasta llegar hasta el final no ha sido fácil. Tomé la decisión de comenzar de cero. Quizá algo dentro de mí quería que descubriera quién era yo en realidad. Sentía que era el momento de demostrarme si era o no capaz de cualquier cosa que me propusiera. El primer paso: echar la prescripción y esperar. Después formalizarlo todo matriculándome. Posteriormente ir a la presentación del curso 2015/2016. Ya era real: iba a estudiar en la universidad.
El primer año fui muchísimo a lo que había sido mi casa durante 22 años. La echaba de menos. Era lo único que había conocido hasta ahora de mundo. Ahí había sido feliz. Me costó un año adaptarme y aceptar el hecho de que había tomado la decisión de estudiar en un sitio completamente desconocido para mí. Tenía que aceptarlo.
El segundo año cambió. Aun así, también siguió siendo duro. Mi entorno no me lo puso fácil para seguir lejos de lo que era mi casa. Menos mal que tuve gente a mi alrededor que me veían todos los días y me hicieron recapacitar ante la situación que estaba viviendo desde aquella decisión.
El tercer año fue mi mejor año. Estaba aprendiendo tantísimo que me sentía realizada. Aparte de formarme y llenarme de conocimientos estaba descubriendo quién era. Desde ese momento descubrí que la que se había ido con 22 años de su casa para estudiar en otro sitio no era la misma persona que estaba viviendo en esa vorágine de sensaciones.
Y llegó el cuarto año y con él las despedidas. En realidad, cuando empezó septiembre y con él el primer cuatrimestre no era todavía consciente de que esto se acababa. Me gradué y aun así no veía el final. Expuse el trabajo final de grado y para mí no había terminado. Solo sentí que estaba viviendo el final cuando el 30 de junio del 2019 subieron la nota de la asignatura que me había quedado en el primer cuatrimestre. Ahí lloré. No era consciente de todo lo que había conseguido.
A lo largo de todo este tiempo he pensado en dejar la carrera dos veces. Circunstancias externas a mí me hacían replantearme el hecho de haber decidido dejar mi casa para estudiar en otro sitio donde no había nada que fuese conocido para mí. Ciertas personas no dejaron que eligiera por mí momentos que, de haberlos vivido, estoy segura que habrían sido una gran enseñanza. Ahora que miro todo con perspectiva pienso que estaba viviendo la vida que le hubiera gustado vivir a cierta persona, que no era yo, que todo lo que quería hacer no era lo correcto, nadie respectaba mis decisiones por muy insignificantes que parecieran; seguían siendo mis decisiones.
A día de hoy no me arrepiento de haber tomado la decisión de estudiar en otra ciudad, ya que gracias a ello he aprendido que las segundas oportunidades con las personas no existen, que yo soy capaz de lo que me proponga si le pongo empeño y confío en mí (en esto último todavía estoy trabajando), que si las cosas se ponen difíciles es porque tenían que ponerse así; todo pasa por algo, ahora tengo más claro qué es lo que quiero, pero tengo más claro lo que no quiero y eso me hace sentir feliz.
Hasta siempre filología hispánica. Gracias a ti he crecido y he florecido. Te agradezco que me hayas dado esa oportunidad. Ahora sé quién soy y me alegro de haberme conocido.
Precipicio
"Hoy estoy sin saber yo no sé cómo. Hoy solo tengo ansias de arrancarme de cuajo el corazón y ponerlo debajo de un zapato" Miguel Hernández
jueves, 1 de agosto de 2019
miércoles, 5 de junio de 2019
A dos pasos de terminar la carrera
Estoy a dos pasos, literales, de terminar la carrera. Y, sí: no me lo creo.
¿Quién me iba a decir a mí, con 15 años, repitiendo 3º de la ESO que, yo, iba a estudiar en la universidad? Siempre he tenido clara una cosa: que la universidad no era para mí. No porque no me sienta capacitada para afrontar 4 años estudiando, porque así es como he pasado toda mi vida desde parvulitos hasta ahora. Simplemente no me veía en ese ámbito estudiantil. Algunos seguro que pensarán: "pues vaya expectativas más bajas tenías de la vida", pero yo no pienso que por tener una carrera universitaria valgamos más que teniendo un grado superior, que esa siempre ha sido mi meta.
Durante toda esta vorágine de exámenes, trabajos, cuatrimestres no me he parado a pensar todo lo que he conseguido desde aquella vez que, con 15 años, decidí repetir 3º de la ESO. Ese episodio de mi vida se vio como un fracaso y, seguramente, eso era lo que aparentaba. Pero nada más lejos de la realidad. Ese tropiezo hizo que me diera cuenta de la gran tontería que había hecho por no tomarme en serio los estudios. Y jamás me volvió a pasar. Aprendí. Y eso es algo que tengo que valorar de mí.
Me da pena no verme a mí por fuera y ver todo lo que he conseguido a lo largo de estos 11 años. Tengo el defecto de ver los logros de los demás y alegrarme, pero no ver los míos y me da rabia a la vez que sentimiento de no saber verme. No sé cómo verme. Pero ahora que estoy escribiendo esto estoy orgullosa de mí. Conseguí aprobar 3º de la ESO, aprobé cinco asignaturas en 2º de bachillerato en la recuperación y no tuve que repetir ese curso. Entré, después de un año intentándolo, en el grado superior que tantísimo quería y que me ayudó a conocerme a mí misma y a darme cuenta de que los niños son la inocencia que todo el mundo debería tener frente al mundo. Tras terminar el grado superior descubrí que no quería estudiar Primaria, carrera que me estaba planteando hacer. A día de hoy no me arrepiento de no haber estudiado eso y me siento también muy satisfecha. El grado superior me dio la llave para abrir la puerta de la universidad; puerta que nunca quería traspasar. Pero la vida es así. Planeas cómo quieres que sea pero puede llegar un día algo que haga que todo lo que habías planeado se derrumbe y tengas que improvisar. Así que, lo único que me quedaba era traspasar esa puerta y encontrarme con filología. Pasé de querer irme a mi casa y hacer otro grado superior el primer año, a seguir continuando porque de verdad que sí que valía para esta carrera.
Y aquí estoy hoy escribiendo esto a tan solo un TFG y una asignatura que recuperar de cerrar esta etapa que jamás pensé vivir. Y qué bonito es que la vida te sorprenda así de esta manera tan inesperada para mí y haga que me replantee el hecho de no estudiar una carrera y estudiar otra completamente distinta.
Jamás me había planteado estudiar filología hispánica, pero era algo que siempre me ha gustado.
No me da pena que estos años se acaben. Estoy apunto de cerrar esta etapa y me siento feliz, porque sí que pude. Muchas veces nos cerramos nosotros mismos las puertas sin darnos cuenta que están entornadas y que con un simple gesto se pueden abrir. Siempre hay que luchar hasta el final, aunque perdamos, pero por lo menos que no sea por nosotros el no haberlo intentado.
La palabra idónea para definir esta etapa universitaria, para mí, sería la palabra LIBERTAD y SUPERACIÓN.
Gracias, filología. Te has llevado muchísimas cosas de mí, pero yo me he llevado otras tantas de ti. Y qué bueno que hayamos aprendido la una de la otra.
¿Quién me iba a decir a mí, con 15 años, repitiendo 3º de la ESO que, yo, iba a estudiar en la universidad? Siempre he tenido clara una cosa: que la universidad no era para mí. No porque no me sienta capacitada para afrontar 4 años estudiando, porque así es como he pasado toda mi vida desde parvulitos hasta ahora. Simplemente no me veía en ese ámbito estudiantil. Algunos seguro que pensarán: "pues vaya expectativas más bajas tenías de la vida", pero yo no pienso que por tener una carrera universitaria valgamos más que teniendo un grado superior, que esa siempre ha sido mi meta.
Durante toda esta vorágine de exámenes, trabajos, cuatrimestres no me he parado a pensar todo lo que he conseguido desde aquella vez que, con 15 años, decidí repetir 3º de la ESO. Ese episodio de mi vida se vio como un fracaso y, seguramente, eso era lo que aparentaba. Pero nada más lejos de la realidad. Ese tropiezo hizo que me diera cuenta de la gran tontería que había hecho por no tomarme en serio los estudios. Y jamás me volvió a pasar. Aprendí. Y eso es algo que tengo que valorar de mí.
Me da pena no verme a mí por fuera y ver todo lo que he conseguido a lo largo de estos 11 años. Tengo el defecto de ver los logros de los demás y alegrarme, pero no ver los míos y me da rabia a la vez que sentimiento de no saber verme. No sé cómo verme. Pero ahora que estoy escribiendo esto estoy orgullosa de mí. Conseguí aprobar 3º de la ESO, aprobé cinco asignaturas en 2º de bachillerato en la recuperación y no tuve que repetir ese curso. Entré, después de un año intentándolo, en el grado superior que tantísimo quería y que me ayudó a conocerme a mí misma y a darme cuenta de que los niños son la inocencia que todo el mundo debería tener frente al mundo. Tras terminar el grado superior descubrí que no quería estudiar Primaria, carrera que me estaba planteando hacer. A día de hoy no me arrepiento de no haber estudiado eso y me siento también muy satisfecha. El grado superior me dio la llave para abrir la puerta de la universidad; puerta que nunca quería traspasar. Pero la vida es así. Planeas cómo quieres que sea pero puede llegar un día algo que haga que todo lo que habías planeado se derrumbe y tengas que improvisar. Así que, lo único que me quedaba era traspasar esa puerta y encontrarme con filología. Pasé de querer irme a mi casa y hacer otro grado superior el primer año, a seguir continuando porque de verdad que sí que valía para esta carrera.
Y aquí estoy hoy escribiendo esto a tan solo un TFG y una asignatura que recuperar de cerrar esta etapa que jamás pensé vivir. Y qué bonito es que la vida te sorprenda así de esta manera tan inesperada para mí y haga que me replantee el hecho de no estudiar una carrera y estudiar otra completamente distinta.
Jamás me había planteado estudiar filología hispánica, pero era algo que siempre me ha gustado.
No me da pena que estos años se acaben. Estoy apunto de cerrar esta etapa y me siento feliz, porque sí que pude. Muchas veces nos cerramos nosotros mismos las puertas sin darnos cuenta que están entornadas y que con un simple gesto se pueden abrir. Siempre hay que luchar hasta el final, aunque perdamos, pero por lo menos que no sea por nosotros el no haberlo intentado.
La palabra idónea para definir esta etapa universitaria, para mí, sería la palabra LIBERTAD y SUPERACIÓN.
Gracias, filología. Te has llevado muchísimas cosas de mí, pero yo me he llevado otras tantas de ti. Y qué bueno que hayamos aprendido la una de la otra.
jueves, 4 de abril de 2019
Mi graduación
Mañana, 5 de abril de 2019 me gradúo. Me gradúo en una carrera que no tenía ni idea que iba a hacer, porque no entraba en mis planes. Estoy a punto de terminar algo que, mirándolo desde la lejanía, me ha costado mucho conseguir.
Tengo que añadir que no me veía jamás en la universidad haciendo cualquier carrera. No porque pensara que no soy capaz de ello, sino porque, simplemente, en mi mente estaba la idea de trabajar y ganarme la vida con algo que, desde siempre, me ha hecho feliz: la educación infantil.
A todo esto, hay que añadir que he estudiado en un sitio donde no tengo a mi familia cerca. Aquí no tenía amigos, solamente a mi novio. El primer año fue duro. Lo catalogaría como "adaptación al medio" Lo pasé muy mal cuando, en el primer cuatrimestre del primer año de universidad me quedaron 2 de 5. Me quería ir. Quería abandonar algo que había comenzado y que se salía de mi zona de confort. Sin embargo, me di una oportunidad y prometí que si en el segundo cuatrimestre me quedaban más asignaturas me iría a mi casa y haría otro grado superior o buscaría trabajo. Pensaba que la universidad no era para mí. Y no porque no me esforzara lo suficiente. Simplemente me tocó vivir la realidad de dos suspensos. Para mí era lo peor. Terminé el segundo cuatrimestre y no me quedó nada. Ahí me di cuenta que quizá sí valía para estudiar una carrera. Tras ir a recuperación, lo aprobé todo. Me sentí muy orgullosa de mí.
El segundo año fue diferente. Ya conocía a todos los de mi clase, había conocido a muchísimas personas en el trayecto de ida y venida de la casa donde vivía ahora hacia la universidad y ya no había nada desconocido. Me quedaron también dos en el primer cuatrimestre del segundo año y también me volví a venir abajo. Pero no pensé en abandonar. Algo había cambiado. Tras acabar ese segundo año volví a aprobarlas todas.
Llegó tercero. Para mí ese año significó mucho, porque fue un año en el que todas las asignaturas me gustaron y disfruté muchísimo aprendiendo. Esta vez no me quedó ninguna y me siento muy orgullosa de ello.
Terminado tercero, llegó cuarto y con él las despedidas. El primer cuatrimestre de este último año no me gustó nada. Sin embargo, este último cuatrimestre, el segundo, me está encantando. En realidad me da pena que todo se acabe. Me gustaba ir a clase y aprender. Pero todo en esta vida tiene un principio y un final y he de decir que no soy la misma persona que entró en 2015 con 22 años. Me siento muy orgullosa de mí misma, aunque muchas veces me exijo demasiado, porque me gustaría ser una chica brillante que saca buenísimas notas y la gente la alaba por ello. Pero nada más lejos de la realidad. Soy una chica de notables, pero ¿y qué más da? Muchas veces las preguntas de los exámenes no reflejan todo lo que nosotros sabemos y no por ello somos más tontos o más listos.
Gracias, Jaén, por ser mi segunda casa en estos casi cuatro años que llevo por aquí. He aprendido tantísimo en estos años que lo único que me queda es seguir aprendiendo y mejorar.
Hasta mañana, graduación.
martes, 26 de marzo de 2019
1920
Abuela, un día como hoy naciste. Y un día como hoy no estás. Recuerdo cuando íbamos a pasar el día a tu casa y me inventaba que te faltaba algo para ir a la tienda y comprarme una pizza. Esto siempre colaba.
Fui creciendo y el siguiente recuerdo que tengo es la temporada que pasaste en mi casa. Ahí aún andabas, aunque con el garrote o gayá (como tú decías).
Pasó el tiempo y mamá y tú os tuvisteis que ir a otro pueblo a vivir. Ahí te veía menos, pero estabas. Con eso bastaba. Por este entonces estuviste mala durante mucho tiempo y no querías levantarte de la cama. El no andar hizo que nunca jamás volvieras a hacerlo. Cambiaste el garrote por una silla de ruedas. Pero, aún así, no perdías la sonrisa. Me encantaba ponerte gafas de sol, hacerte coletas en el pelo, cortártelo, hacerte flequillo...
Nos encontramos en el 2011. Este año fue cuando por fin volviste con mamá a nuestro pueblo. Ya te tenía más cerca. Celebrábamos tu santo y tu cumpleaños con muchísima ilusión, aunque hubo una temporada que no te enterabas de lo que pasaba. Empezaste a perder la memoria, la audición y, finalmente, la vista. Aun así aquí seguías.
Sin embargo, creemos que somos inmortales hasta que, un día, nos sorprende la muerte. El día 14 de septiembre del 2018 recibí la peor noticia: ya no estabas. Y yo estaba a 350 km de todo y de ti. Fui a despedirme de ti. No creas que fue fácil, pero es algo que todo el mundo tiene que vivir, al menos, una vez en su vida.
Hoy cumplirías 99 años. Y qué casualidad que el año pasado sí estuve en el día de tu cumple. Es raro pensar que hace un año sí estabas y hoy no.
Te recuerdo. Fuiste la única abuela que conocí. Te he cuidado y he intentado que todo el tiempo que has vivido estuvieras feliz. Mamá igual. Ella ha pasado mucho contigo, yo solo he visto una parte de todo.
Espero que estés donde estés te sientas orgullosa y cuides de mi hermana.
Feliz cumpleaños,
tu nieta María Jesús.
Fui creciendo y el siguiente recuerdo que tengo es la temporada que pasaste en mi casa. Ahí aún andabas, aunque con el garrote o gayá (como tú decías).
Pasó el tiempo y mamá y tú os tuvisteis que ir a otro pueblo a vivir. Ahí te veía menos, pero estabas. Con eso bastaba. Por este entonces estuviste mala durante mucho tiempo y no querías levantarte de la cama. El no andar hizo que nunca jamás volvieras a hacerlo. Cambiaste el garrote por una silla de ruedas. Pero, aún así, no perdías la sonrisa. Me encantaba ponerte gafas de sol, hacerte coletas en el pelo, cortártelo, hacerte flequillo...
Nos encontramos en el 2011. Este año fue cuando por fin volviste con mamá a nuestro pueblo. Ya te tenía más cerca. Celebrábamos tu santo y tu cumpleaños con muchísima ilusión, aunque hubo una temporada que no te enterabas de lo que pasaba. Empezaste a perder la memoria, la audición y, finalmente, la vista. Aun así aquí seguías.
Sin embargo, creemos que somos inmortales hasta que, un día, nos sorprende la muerte. El día 14 de septiembre del 2018 recibí la peor noticia: ya no estabas. Y yo estaba a 350 km de todo y de ti. Fui a despedirme de ti. No creas que fue fácil, pero es algo que todo el mundo tiene que vivir, al menos, una vez en su vida.
Hoy cumplirías 99 años. Y qué casualidad que el año pasado sí estuve en el día de tu cumple. Es raro pensar que hace un año sí estabas y hoy no.
Te recuerdo. Fuiste la única abuela que conocí. Te he cuidado y he intentado que todo el tiempo que has vivido estuvieras feliz. Mamá igual. Ella ha pasado mucho contigo, yo solo he visto una parte de todo.
Espero que estés donde estés te sientas orgullosa y cuides de mi hermana.
Feliz cumpleaños,
tu nieta María Jesús.
jueves, 21 de marzo de 2019
A mis hijos
Os escribo mientras me imagino cómo seré de madre cuando existáis y os tenga. Me pregunto si seré lo suficiente. Si habrá algún momento en vuestras vidas en el que os falle y no me dé cuenta. Me pregunto si algún día seré madre... Y si lo soy, si sabré lo que significa.
Ahora, con casi 26 años, veo muy lejano el hecho de pensar que una persona, sin apenas conocimiento del mundo, sin ni quisiera saber lo que implica 'estar vivo', dependa de mí 24 horas.
Durante este tiempo me he dado cuenta que no soporto que nadie dependa de mí. No me gusta por el simple hecho de sentir esa grandísima responsabilidad (para mí)
No soporto la idea de que, algún día, existáis y me veáis como vuestro enemigo. No soportaría que no viérais lo que sé que haré por vosotros cuando lo necesitéis. Me angustia la idea de que crezcáis y viváis con una imagen de mí que después no concuerde con la realidad. No me perdonaría jamás no estar en vuestros momentos de crecimiento personal. Quiero ser la primera en escuchar vuestra primera palabra, ver vuestros primeros pasos. Quiero que confiéis en mí y que no os dé miedo decirme si os gustan los chicos o las chicas. No quiero que me veáis como una persona que os cuestiona si fumáis en la adolescencia porque habéis 'decidido probar y ver qué pasa'. Todos lo hemos hecho.
Siempre he querido tener familia numerosa, porque yo soy hija única y quizá quiera rellenar ese vacío que, sin quererlo, tengo.
Deseo que no tengáis miedo en contarme vuestros sueños, vuestras inseguridades, vuestras metas, vuestros objetivos. Prometo que no os voy a juzgar. Lo juro. Prometo decir, la mayor parte del tiempo, que sí a todo lo que queráis hacer y emprender. Y si os equivocáis, os animaré a seguir intentándolo.
Me da igual lo que seáis, mientras os sintáis felices con lo que sois y habéis conseguido. Sois capaces de todo, aunque haya gente que quiera negarlo. Somos capaces. Somos posibles.
Ojalá siempre celebremos las navidades con la misma ilusión que un niño pequeño. Ojalá salgáis, veáis mundo, conozcáis culturas, gente nueva y todo lo que viváis os llene y os haga grandes.
No os cortaré las alas. Lo prometo.
No sé si seré una buena madre, pero os aseguro que intento ser una buena hija. Me he perdido cosas, porque ha habido personas que me han dicho que NO y ahora no sé qué hubiera pasado si... No lo sé porque me negaron el hecho de saberlo. Y eso es lo que no quiero para vosotros.
Puede que no nos conozcamos nunca. O puede que dentro de unos años os tenga, os mire a la cara y piense: ya no puedo ser más feliz.
Quién sabe...
Ahora, con casi 26 años, veo muy lejano el hecho de pensar que una persona, sin apenas conocimiento del mundo, sin ni quisiera saber lo que implica 'estar vivo', dependa de mí 24 horas.
Durante este tiempo me he dado cuenta que no soporto que nadie dependa de mí. No me gusta por el simple hecho de sentir esa grandísima responsabilidad (para mí)
No soporto la idea de que, algún día, existáis y me veáis como vuestro enemigo. No soportaría que no viérais lo que sé que haré por vosotros cuando lo necesitéis. Me angustia la idea de que crezcáis y viváis con una imagen de mí que después no concuerde con la realidad. No me perdonaría jamás no estar en vuestros momentos de crecimiento personal. Quiero ser la primera en escuchar vuestra primera palabra, ver vuestros primeros pasos. Quiero que confiéis en mí y que no os dé miedo decirme si os gustan los chicos o las chicas. No quiero que me veáis como una persona que os cuestiona si fumáis en la adolescencia porque habéis 'decidido probar y ver qué pasa'. Todos lo hemos hecho.
Siempre he querido tener familia numerosa, porque yo soy hija única y quizá quiera rellenar ese vacío que, sin quererlo, tengo.
Deseo que no tengáis miedo en contarme vuestros sueños, vuestras inseguridades, vuestras metas, vuestros objetivos. Prometo que no os voy a juzgar. Lo juro. Prometo decir, la mayor parte del tiempo, que sí a todo lo que queráis hacer y emprender. Y si os equivocáis, os animaré a seguir intentándolo.
Me da igual lo que seáis, mientras os sintáis felices con lo que sois y habéis conseguido. Sois capaces de todo, aunque haya gente que quiera negarlo. Somos capaces. Somos posibles.
Ojalá siempre celebremos las navidades con la misma ilusión que un niño pequeño. Ojalá salgáis, veáis mundo, conozcáis culturas, gente nueva y todo lo que viváis os llene y os haga grandes.
No os cortaré las alas. Lo prometo.
No sé si seré una buena madre, pero os aseguro que intento ser una buena hija. Me he perdido cosas, porque ha habido personas que me han dicho que NO y ahora no sé qué hubiera pasado si... No lo sé porque me negaron el hecho de saberlo. Y eso es lo que no quiero para vosotros.
Puede que no nos conozcamos nunca. O puede que dentro de unos años os tenga, os mire a la cara y piense: ya no puedo ser más feliz.
Quién sabe...
sábado, 16 de marzo de 2019
El viejo guitarrista ciego, Picasso

Durante largos ratos he estado mirando este cuadro de Picasso, uno de los primeros cuadros que da paso a su "Etapa azul" para ver qué sentimientos me provocaba y poder realizar, a partir de un cuadro, un relato.
Y esto fue lo que me salió:
Vacío existencial,
locura, delirio y una guitarra.
Y un hombre
aferrándose a una guitarra.
Y miedo.
Y oscuridad.
Viviendo despacio,
sintiendo cómo las agujas del reloj pasan y el tiempo va pesando y pisando.
Quemando.
Esto era una vez
una persona aferrada a una guitarra. Con la mirada triste, el alma partida y el
corazón roto.
¿Qué se siente
cuando no se siente nada?
¿A qué lugar ir
cuando no sabemos en qué lugar estamos?
¿Cómo querer cuando
no nos queremos ni a nosotros mismos?
¿Qué sentido tiene
la muerte cuando, aun viviendo, sentimos que estamos muertos?
Esto era una vez
una persona aferrada a una guitarra. Con la mirada triste, el alma partida y el
corazón roto.
Van pasando los
segundos, los minutos, las horas y las semanas.
Va pasando la vida.
Va pasando la vida
y no somos más que personas que buscan lo que no tenemos.
Insatisfechas.
Inconformistas.
Siempre queriendo
más, pero queriéndonos menos.
Incautas.
Ilógicas.
Siempre
queriéndonos menos, pero queriendo más.
Esto era una vez
una persona aferrada a una guitarra. Con la mirada triste, el alma partida y el
corazón roto.
“¿Qué es la vida?” —
preguntó mientras acariciaba las cuerdas de su guitarra.
“¿Qué es la vida?”
— le preguntó de nuevo la guitarra. “La vida eres tú”.
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relato a partir de un cuadro,
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lunes, 11 de febrero de 2019
Cuarto de Filología Hispánica: primer cuatrimestre
Esto da un miedo que asusta. Ya voy por mi 4º año. Y estoy a solo un cuatrimestre de graduarme. En concreto, me quedan dos meses para que me pongan la banda de graduada. Y no me lo creo. No me creo que yo, la que decía que jamás iría a la universidad, algo que siempre he tenido tan claro, pero a la vez no, porque hubo un momento en mi vida en que quería ser Profesora de Educación Primaria. Menos mal que no lo fui. Aunque me gustan los niños, sé que ese trabajo no es para mí. ¿Hubiera sido buena profesora? Quién sabe....
Sin embargo, aquí estoy, en una carrera que jamás me había planteado hacer, sino que, por casualidad, me topé con ella cuando pasé un año sin hacer nada y tuve que decidir qué carrera escoger.
Este año ha sido duro para mí. Estoy cansada de la literatura, de tener que leer páginas y páginas de libros que han sido importantes en la Historia de la Literatura o, simplemente, que son importantes para el profesor porque es experto en esa materia. Estoy cansada de leer por obligación y no porque de verdad me salga a mí hacerlo. Resumen la carrera de Filología Hispánica en leer, cuando en realidad esta carrera va más allá de eso. A mí me encanta la lingüística. Me encanta aprender el origen del lenguaje, me encanta Chomsky y su DAL, me encanta aprender teorías de personas que se han dedicado a estudiar la lengua, me encanta la variedad lingüística que tenemos que España, me encanta la lengua y el lenguaje. Pero ha dejado de ilusionarme la acción de coger un libro por gusto.
Este primer cuatrimestre he tenido dos literaturas de cinco asignaturas. Parece poco, pero en realidad no. Porque una de las asignaturas no me gustaba. Lo descubrí cuando cambiamos de profesor. Por eso dejé de ir a clase. La otra asignatura, hispanoamericana, me encantó al principio. Descubrir qué hizo Colón, Hernán Cortés, por qué fue importante Bartolomé de las Casas, quién fue Américo Vespucio, hasta llegar a Julio Cortázar y Borges. Pero lo que comenzó como una ilusión, poco a poco se fue apagando. Las lecturas que nos iban mandando dejaron de gustarme, solo algunas, porque otras como Pedro Páramo me encantaron. En Literatura Contemporánea, la asignatura que dejé de asistir, nos mandaban una novela por semana. Y con todo el trabajo que teníamos detrás de las demás asignaturas, para mí, era imposible seguir ese ritmo. Así que no me leí ninguna, solamente el libro que me tocó a mí exponer (que era una obra de teatro)
Entiendo que esta carrera sea de literatura. Pero, por favor, que no se base solo en eso. Hay vida más allá de los libros. Y seguramente habrá muchísimas asignaturas que sean interesantes.
En realidad el cuatrimestre me ha ido bien. Me quedó una, la más difícil del cuatrimestre. Pero no pasa nada. En junio tengo otra oportunidad para sacarla adelante. Y la sacaré.
Sin embargo, estoy frustrada conmigo misma, porque solo saco sietes. Me gustaría ser una persona que sacara más nota. Me encantaría llegar al sobresaliente y sentirme orgullosa de mí misma. Por el contrario, ¿por qué no tengo que estar orgullosa de mí? He aprobado 4/5 y eso es más que suficiente para sentir orgullo de todo el trabajo que hay detrás de esas notas.
Una nota no define tus conocimientos, sino valora unos conocimientos que tenías en ese momento, en esa hora, en ese lugar. Quizá puede que te hayan tocado en el examen preguntas que tú sepas genial o que no te sepas del todo bien. Pero eso no quiere decir que no tengas ni idea de la asignatura y de los conocimientos que te ha aportado.
Ahora me toca centrarme en el TFG y en las 4 asignaturas restantes.
Esto se acaba. Y me da pena.
Sin embargo, aquí estoy, en una carrera que jamás me había planteado hacer, sino que, por casualidad, me topé con ella cuando pasé un año sin hacer nada y tuve que decidir qué carrera escoger.
Este año ha sido duro para mí. Estoy cansada de la literatura, de tener que leer páginas y páginas de libros que han sido importantes en la Historia de la Literatura o, simplemente, que son importantes para el profesor porque es experto en esa materia. Estoy cansada de leer por obligación y no porque de verdad me salga a mí hacerlo. Resumen la carrera de Filología Hispánica en leer, cuando en realidad esta carrera va más allá de eso. A mí me encanta la lingüística. Me encanta aprender el origen del lenguaje, me encanta Chomsky y su DAL, me encanta aprender teorías de personas que se han dedicado a estudiar la lengua, me encanta la variedad lingüística que tenemos que España, me encanta la lengua y el lenguaje. Pero ha dejado de ilusionarme la acción de coger un libro por gusto.
Este primer cuatrimestre he tenido dos literaturas de cinco asignaturas. Parece poco, pero en realidad no. Porque una de las asignaturas no me gustaba. Lo descubrí cuando cambiamos de profesor. Por eso dejé de ir a clase. La otra asignatura, hispanoamericana, me encantó al principio. Descubrir qué hizo Colón, Hernán Cortés, por qué fue importante Bartolomé de las Casas, quién fue Américo Vespucio, hasta llegar a Julio Cortázar y Borges. Pero lo que comenzó como una ilusión, poco a poco se fue apagando. Las lecturas que nos iban mandando dejaron de gustarme, solo algunas, porque otras como Pedro Páramo me encantaron. En Literatura Contemporánea, la asignatura que dejé de asistir, nos mandaban una novela por semana. Y con todo el trabajo que teníamos detrás de las demás asignaturas, para mí, era imposible seguir ese ritmo. Así que no me leí ninguna, solamente el libro que me tocó a mí exponer (que era una obra de teatro)
Entiendo que esta carrera sea de literatura. Pero, por favor, que no se base solo en eso. Hay vida más allá de los libros. Y seguramente habrá muchísimas asignaturas que sean interesantes.
En realidad el cuatrimestre me ha ido bien. Me quedó una, la más difícil del cuatrimestre. Pero no pasa nada. En junio tengo otra oportunidad para sacarla adelante. Y la sacaré.
Sin embargo, estoy frustrada conmigo misma, porque solo saco sietes. Me gustaría ser una persona que sacara más nota. Me encantaría llegar al sobresaliente y sentirme orgullosa de mí misma. Por el contrario, ¿por qué no tengo que estar orgullosa de mí? He aprobado 4/5 y eso es más que suficiente para sentir orgullo de todo el trabajo que hay detrás de esas notas.
Una nota no define tus conocimientos, sino valora unos conocimientos que tenías en ese momento, en esa hora, en ese lugar. Quizá puede que te hayan tocado en el examen preguntas que tú sepas genial o que no te sepas del todo bien. Pero eso no quiere decir que no tengas ni idea de la asignatura y de los conocimientos que te ha aportado.
Ahora me toca centrarme en el TFG y en las 4 asignaturas restantes.
Esto se acaba. Y me da pena.
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