Abuela, un día como hoy naciste. Y un día como hoy no estás. Recuerdo cuando íbamos a pasar el día a tu casa y me inventaba que te faltaba algo para ir a la tienda y comprarme una pizza. Esto siempre colaba.
Fui creciendo y el siguiente recuerdo que tengo es la temporada que pasaste en mi casa. Ahí aún andabas, aunque con el garrote o gayá (como tú decías).
Pasó el tiempo y mamá y tú os tuvisteis que ir a otro pueblo a vivir. Ahí te veía menos, pero estabas. Con eso bastaba. Por este entonces estuviste mala durante mucho tiempo y no querías levantarte de la cama. El no andar hizo que nunca jamás volvieras a hacerlo. Cambiaste el garrote por una silla de ruedas. Pero, aún así, no perdías la sonrisa. Me encantaba ponerte gafas de sol, hacerte coletas en el pelo, cortártelo, hacerte flequillo...
Nos encontramos en el 2011. Este año fue cuando por fin volviste con mamá a nuestro pueblo. Ya te tenía más cerca. Celebrábamos tu santo y tu cumpleaños con muchísima ilusión, aunque hubo una temporada que no te enterabas de lo que pasaba. Empezaste a perder la memoria, la audición y, finalmente, la vista. Aun así aquí seguías.
Sin embargo, creemos que somos inmortales hasta que, un día, nos sorprende la muerte. El día 14 de septiembre del 2018 recibí la peor noticia: ya no estabas. Y yo estaba a 350 km de todo y de ti. Fui a despedirme de ti. No creas que fue fácil, pero es algo que todo el mundo tiene que vivir, al menos, una vez en su vida.
Hoy cumplirías 99 años. Y qué casualidad que el año pasado sí estuve en el día de tu cumple. Es raro pensar que hace un año sí estabas y hoy no.
Te recuerdo. Fuiste la única abuela que conocí. Te he cuidado y he intentado que todo el tiempo que has vivido estuvieras feliz. Mamá igual. Ella ha pasado mucho contigo, yo solo he visto una parte de todo.
Espero que estés donde estés te sientas orgullosa y cuides de mi hermana.
Feliz cumpleaños,
tu nieta María Jesús.
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