Se comienza siendo unos simples desconocidos, que, sin quererlo ni buscarlo, decidieron complicarse la vida.
La amistad poco a poco va creciendo, al igual que la confianza.
Sin quererlo, esa persona ya forma parte de tu día a día y si algún día no sabes qué tal le ha ido sientes que te falta algo.
Es bonito que, sin darnos cuenta, vamos hacia una destrucción segura cuando conocemos a una persona, ya que no sabemos si esa amistad va a durar semanas, meses o años. Simplemente nos dejamos llevar porque esa persona nos da algo que nos faltaba, pero, paradógicamente, no sabíamos de la existencia de esa necesidad.
Vamos construyendo una amistad sólida, donde nada ni nadie va a interponerse. Esa amistad está construída con risas, momentos en los que juntos estamos en la cima del Olimpo, instantes donde luchamos contra la distancia (sin saberlo) y creamos nuestro propio lugar sin kilómetros de por medio.
Llegamos a un éxtasis tal, que no nos hemos dado cuenta pero, sin quererlo (o queriéndolo) hemos volado tan tan alto que comenzamos a caer. Y no tenemos paracaídas. Nos dirigimos hacia una muerte segura, y esa muerte, ¿sabes cuál es? Un camino con dos caminos diferentes, donde a partir de los cuales haremos cada uno nuestra vida sin la otra persona. Y duele.
Duele no saber cómo estará la otra persona, las conversaciones ya no son tan seguidas como antes, los mensajes se han olvidado de llegar a su destino, el tiempo ya no es empleado hacia la otra persona, ya no sabes algo tan simple como qué tal le ha ido el día.
Nos hemos convertido en lo que éramos al principio: dos extraños con ganas de no serlo más.
Pasan los días y estás triste. Pasan las semanas y convives con ello. Pasan los años y sobrevives.
Ya no duele recordar esa amistad, porque todos esos momentos en los cuales fuimos felices se quedaron tan atrás que ya ni te pueden rozar.
Pero yo que soy de imposibles, decido dar respuestas a las preguntas que me rondan por la cabeza. Me niego a aceptar que esa relación que tanto me dio se haya acabado así, de la nada (como todas mis relaciones)
Así que decido ponerme en contacto con esa persona y luchar por ella, y piensas: nunca lo sabrás si no lo intentas. Escribo el mensaje que "lo cambiará todo" y espero. Pero los días pasan y la contestación tarda en venir. Así que decido no seguir parando mi vida por una persona que no ha hecho nada para saber de la mía y continuo viviendo.
Y vivo, construyo mi mundo, conozco nuevas personas, voy cumpliendo sueños, voy creando otros....
El destino ha hablado. Si esa persona no está en mi vida ahora es porque ya cumplió su propósito cuando nos conocimos y cumplió un ciclo en mi vida todo el tiempo que se quedó. Ahora es momento de pasar página.
Pero, ¿sabes eso que dicen de que quien no quiso cuando pudo no podrá cuando quiera? Pues esa frase es como yo definiría al destino, porque fue pasando el tiempo, la gente, los momentos, la vida y se me fue olvidando lo que un día fuimos.
Ya no me dolía escuchar nuestra canción, las fotos fueron borradas de mi ordenador, pero no de mi mente, ya no me dolía recordar lo que hablábamos, ya todo había cambiado.
Y justo tres años después (justo el número que odio) apareciste. Con la contestación del mensaje que esperé durante todo este tiempo y que poco a poco se me fue olvidando.
La verdad es que no me arrepiento. Porque si quise saber qué había pasado para pasar del todo al nada fue porque quería respuestas. Aunque la vida me fue enseñando que no todas las preguntas tienen que ser respondidas, algunas simplemente son incógnitas. Y yo no soy buena en matemáticas....
Hablar después de tanto tiempo me hizo darme cuenta que nunca vuelve quien se fue, aunque regrese. Y que todo este tiempo (perdido o no, según como se mire) es tiempo que podíamos haber empleado en seguir creciendo juntas, en ayudarnos como antes lo hacíamos.
Pero no pudo ser.
Decidimos comenzar de cero, pero siento que no va a ser igual que antes. Y es normal. Ha pasado mucho tiempo y cada una ha vivido muchas cosas de las cuales la otra no está enterada. Ya que no es lo mismo vivir la vida juntas que cada una por separado y contárnoslo tras un paréntesis considerable.
Yo misma me doy cuenta que no es igual que antes, no hablamos con la misma intensidad que antes. Ya nada es lo mismo. Y es duro, porque nuestra amistad prometía.
Me pongo a pensar y me pregunto:
¿sabes lo que quiero?
Quiero a una persona que esté por mi al cien por cien, que me quiera con mis locuras y mis bajones, que entienda que prefiero los planes tranquilos a estar en una discoteca bailando y no enterarme de lo que me estás diciendo.
Quiero a una persona que me vea mal y me dé un abrazo, que sea positiva y le motiven mis frases del día.
Quiero a una persona que sea incondicional, que cuando discutamos tanto esa persona como yo demos el paso, nos comamos el orgullo y lo solucionemos.
Quiero a una persona que entienda que soy orgullosa, que aunque yo diga que me cuesta abrirme a los demás por si me hacen daño, sé que no es así.
Quiero a una persona que rompa mi coraza y sepa llegar hasta mi corazón, que me anime cuando esté agobiada por los exámenes y me diga que "yo sí puedo".
Quiero a una persona que luche por nuestra amistad, y que si por algún casual no luchara, y hubiera una brecha tan grande como el cielo en la cual no sepamos la una de la otra, quiero que se acuerde de todo lo que hice por ella y vuelva pidiéndome explicaciones de por qué ya no somos como antes.
Quiero ver el agujero que te dejo si me voy de tu vida.
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