Todo comenzó en julio, cuando las puertas se abrieron ante un precipicio del cual no sabía cómo de profundo sería.
Tenía ante mí un gran reto del cual no sabía qué dimensión iba a coger hasta que no fueran pasando los días. Y no sabía que el desafío al cual me enfrentaba podría llegar a ser más grande que yo.
21 de septiembre del 2015: Hola Universidad, prepárate, capítulo uno.
Es todo tan nuevo: Nueva gente, nuevo sitio en el cual vivir, ser independiente, crecer.
Quería que todo saliera tan bien que de lo único de lo que no fui consciente era de lo nerviosa que estaba ante los exámenes de enero.
Y me quedé en blanco. ¿Cómo podría pasarme eso en un momento tan concreto como es un examen? Jamás me había sucedido nada parecido.
Y caí. Caí dos veces de cinco que podría haber caído. Me encontré en una calle sin salida de la cual la única solución que veía era abandonar.
¿Abandonar?
Pasó el tiempo y decidí comenzar el segundo cuatrimestre y ver cómo se iban desarrollando los acontecimientos. Si me iba mal estaba decidida a dejarlo y comenzar otra cosa. La universidad no estaba echa para mí (o eso creía)
El segundo cuatrimestre fue muy estresante. Tenía muy poco tiempo y mucho temario por delante, asignaturas díficiles y una asignatura que por nada del mundo me tenía que quedar (aparte de las otras cuatro, claro)
Mayo llegó y con él los nervios, pero no los de enero, si no nervios de inquietud porque todo saliera bien. Había cambiado el chip completamente. Estaba concienciada en sacarlo todo adelante, por mí misma. Quería sentirme orgullosa de mí.
Y llegué. Me esforcé tantísimo que llegué hasta donde yo no me creía capaz. Y lo conseguí. Todas las horas sin dormir, las horas en la biblioteca, el cansancio acumulado, las ganas, el tiempo.... todo se había resumido y los esfuerzos que le había puesto a todo se habían resumido en buenas noticias.
Las dos caídas de enero me sirvieron para darme cuenta de que puedo más de lo que creo, que ante los malos momentos me crezco y no me achanto ante los errores. Pensar en abandonar siempre es un error, pero creo que es un mecanismo de defensa que se activa cuando algo no va bien y quieres huir. Pero no siempre las cosas van a ir bien. Muchas veces la vida nos pone en situaciones límite porque sabe perfectamente que vas a encontrar la salida.
Porque si todo fuera fácil y se consiguiera deprisa, ¿valoraríamos lo que conseguimos?
El 4 de Julio terminó mi primer año de universidad y el 13 de Julio supe, por fin, que había aprobado todo. Y en ese momento sentí que todo había cobrado sentido.
Éso me sirvió para ver hasta dónde puedo llegar y a aceptar que los límites no existen.
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