Siempre he sido de 'todo o nada' y aunque en la distancia me vea pequeña, en mi interior siempre existirá ése Peter Pan que nunca quiere crecer.
He querido tanto, que no me había percatado de lo grande que se puede llegar a hacer un corazón cuando amas.
Mi mundo está hecho de cristales, algunos rotos, otros están en proceso. Y yo, acostumbrada a perder partidas, decidí doblar mi jugada. Puedes imaginar cómo salí de aquello.
Acepto que, personas que creía insustituibles, decidan que ya basta de estar en mi vida. Acepto que se vayan por la puerta de atrás y que opten por no decir adiós porque cinco letras pueden convertirse en un prólogo demasiado largo y no tengo edad para perder el tiempo.
Pero lo que nunca voy a aceptar es dejar de ser persona para ser aeropuerto. ¿Te vas? Perfecto. ¿Te quedas? Disfrutemos.
Nunca me voy a arrepentir de todo lo que he llegado a dar por una persona, porque si lo di todo fue porque en ese momento dejé el egoísmo a un lado y recordé que tenía un corazón, que estaba ahí latiendo, recordándome lo que un día fui y lo que hoy no soy.
Solo espero que, cuando alguien que entre en mi vida decida que es hora de irse, y pase el tiempo y nuestros caminos tomen direcciones diferentes, recuerde todos los momentos que hemos pasado y piense: 'me equivoqué'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario