Aquí nadie tiene a nadie. Incluso nosotros estamos de paso.
Y quizá sea un error pensar que las personas se van a quedar en nuestra vida para siempre. O quizá no.
Porque todos sentimos la necesidad de saber que contamos con alguien a quien poder recurrir cuando nos pasa algo.
Con quien nos desahogamos. Y el peor error que podemos tener es dejar que una persona se quede más tiempo del que debería.
Porque luego duele. Y cuanto antes te acostumbres a la ausencia de alguien, mejor.
Sonará estúpido, incluso raro, pero la realidad es, que nacimos solos y aunque la gente adorne tu vida por unos instantes, se van. Y el abandono es inevitable.
Siempre pasa.
Pero si pasa, es por algo. Destino le llaman. Porque tiene que pasar. Estaba escrito. ¿Quién cojones ha escrito el libro de mi vida? A veces pensamos más de lo que debemos y nos culpamos del fracaso de nuestra vida. Muchas veces el enemigo somos nosotros y preferimos echar las culpas a los demás que aceptar nuestra derrota.
Y entonces sucede. Algo cambia.
Una pieza se desprende del puzzle de tu vida. Pero cuando la vuelves a encajar ya no vale. Lo mismo con las personas.
Como cuando te levantas y te miras al espejo, pero buscas y por más que lo haces no sabes quién es la persona que está al otro lado mirándote. Te falta algo, pero te desesperas porque no consigues adivinar qué es. El tiempo pasa y te olvidas de quién fuiste, para comenzar a pensar en quién eres. Y así es como consigues evolucionar.
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