domingo, 30 de marzo de 2014

Tristura

La locura no le pega. Era un vestido que le venía grande. Nunca hizo ninguna. Ni por amor. Y eso es triste. Es triste que en el libro de alguien, en el libro de la vida de alguien, no haya aunque sea una línea de alguna travesura que hicieras por amor. Porque simplemente el hecho de amar ya implica locura. El libro de su vida se podía resumir en una palabra : tristura.

Vagaba por las calles sin ganas. Sin ánimo. No estaba dispuesta a comerse el mundo. Quería que el mundo se la comiera para no sufrir más. Estaba cansada. Su vida era aburrida. Monótona. Nada se salía de lo normal. Siempre sucedía lo mismo. Nada. Ni el viento soplaba a su favor. Ni la primavera quería asomarse por su vida para llenarla de luz y de color.

Parecía que todos le habían dado de lado. Todos, menos ella misma. Y es difícil saber que solo cuentas contigo para todo. Sola, decidió cambiar el rumbo de su vida. O darle algún sentido.

Amaneció, y con el sol aparecieron las ganas de escribir una historia que fuera recordada por todos. Discutía con ella misma sobre el título que debería de llevar esa fantástica historia. Al final, decidió calmarse y dejar el título para después, cuando ya tuviera la historia de su vida terminada. Cogió el libro, lo abrió por la primera página, y comenzó a pensar qué quería que le sucediera.

Lo que más quería, era conocer el amor. Eso era lo primordial. Había leído que la gente cuando se enamora se vuelve más idiota. Y ella quería descubrir por qué. ¿Qué hace el amor para que la gente cambie? Así que escribió en su libro : "Yo, Susana, nada más salir a la calle encontraré una persona que se fije en mí. Todo comenzará así : con una mirada. Después comenzaremos a frecuentarnos más, y después, él y yo nos enamoraremos y viviremos felices para siempre."

Y así fue. Susana salió a la calle con una sonrisa y un chico la miró. Ella bajó la vista y disimuló. Era muy guapo. Él, atraído hacia ella por una fuerza extraña, le preguntó su nombre y si le gustaría tomar algo. Susana accedió y comenzaron a conocerse. Pasaron los días y ella cada vez se iba enamorando más y más de él. Todo era perfecto. Él le regalaba flores, ella conoció el amor verdadero. Dejó de escribir en el libro de su vida, porque él había acaparado todo su tiempo. Los meses iban pasando, y Susana cada vez iba notando cambios en su relación con el amor de su vida. ¿Qué había pasado? El amor te vuelve idiota, sí, pero no sabía que era para mal.

A raíz de no seguir escribiendo la historia de su vida, ella y el chico comenzaron a discutir y a llevarse mal. Él la engañó con otra, y ella sintió un gran vacío en su corazón. Se pasó noches y noches enteras llorando y maldiciendo el día en el que decidió escribir la historia de su vida. Ella no sabía que tenía que seguir escribiendo todo lo que quería conocer sobre el amor. No bastaba con escribir cuatro líneas.


«Ojalá la vida la escribiéramos nosotros. Así sabríamos qué queremos sentir, y que no, sabríamos borrar todo lo que algún día nos hizo daño. Cometeríamos menos errores, daríamos menos oportunidades, tendríamos momentos de nuestra vida escritos en un libro que podríamos leer siempre que quisiéramos. Pero, qué injusto. La vida no es así. La vida la hacemos nosotros con nuestras acciones, con nuestras decisiones. Y quién sabe, quizá tenemos nuestro libro de la vida escrito en alguna librería a la que jamás tendremos acceso, porque lo bonito de ella es descubrir qué nos tiene preparado el mañana»

No hay comentarios:

Publicar un comentario