Tendemos a idealizar tanto a una persona que, cuando abandonamos nuestra zona de confort y salimos ahí fuera a comernos el mundo, y volvemos a nuestra antigua realidad, nada es como creíamos.
Y creéme, es duro. Es difícil, y a la vez complicado, intentar explicar algo que ni tú misma entiendes. Pero ahí está. Ahí está la idea de que no todo es como creemos que es, que lo que hoy es un "sí", mañana puede ser un "no" y viceversa.
La mayoría de veces las personas que nos quieren intentan sobreprotegernos de este mundo que no es más que la continua lucha de seguir manteniendo el equilibrio cuando todo se tambalea. Y puede ser que esta sobreprotección sea sinónimo de un escudo que nuestros seres más queridos nos crean para que nada ni nadie pueda hacernos daño. Pero la gran mayoría de veces, este escudo se cae por su propio peso, y los que nos quieren pueden caer en lo erróneo que es intentar evitar que algo te suceda e intentar crear un "camino" el cual está diseñado para ti, pero no es el que verdaderamente debes seguir.
Pronto te das cuenta de que ésa idea que los que te quieren han intentado hacerte creer que es la correcta, la idónea, la perfecta, la única, no lo es. Es cierto. Y es algo que sólo con el tiempo y con la madurez que vayas adquiriendo a lo largo de toda tu vida vas a ir aprendiendo.
Luego llega ése momento en el que te da miedo salir de tu zona de bienestar, porque no conoces qué hay ahí fuera, pero sí lo que hay dentro. Y comienzas una nueva etapa. Porque la vida es eso: son etapas que vas empezando y cerrando. Un continuo ir y venir de nuestras experiencias que van hacer de tu vida una vida única e irrepetible: va a ser tu vida y la de nadie más.
Por lo que siempre es bueno intentar llevar a la persona que quieres por el camino que creas que es el correcto para ella, pero más bueno es dejar que ésa persona se exprese y decida, por sí misma, qué quiere hacer y cómo quiere organizar su vida.
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