Párate un momento a pensar en todo el camino que has recorrido, tu vida, y recuerda cuántas puertas te has encontrado y cuántas piedras, que luego resultaron montañas, has esquivado y/o destruído.
¿Ya?
Párate un momento y piensa cuántos malos momentos, cuántas malas rachas has superado. Piensa qué cosas han hecho que cambies, qué fue lo que un día accionó la caja fuerte de tu corazón y lo cerró por completo. Piensa cuántas cosas has podido perder, o no, si no hubieras escogido un camino cuando tenías frente a ti múltiples de oportunidades, pero solo pudiste elegir una. Piensa cuántas personas ya no siguen tu camino.
Sé que piensas que el tiempo pasa rápido. Pero suena extraño pensar eso, porque los minutos y los segundos avanzan todos los días de la misma manera, los días pasan igual no tienen horas añadidas, pero aún así sentimos que el tiempo tiene prisa de que descubramos lo malo de la vida, para crecer antes de conocer lo bueno y nos acostumbremos.
Qué bonito, ¿no? Saber que primero tenemos que conocer lo malo para que, cuando nos llegue lo bueno sepamos aprovecharlo y no dejarlo escapar. Aunque, todo el mundo sabe que los buenos momentos son tan fugaces que si no abres bien los ojos, se pasan y no los disfrutas.
Todos tenemos un objetivo en la vida que coincide y es: ser feliz. Aspiramos a algo tan grande y tan abstracto que, posiblemente, estemos toda la vida buscando la felicidad y no nos demos cuenta de que la vida tiene un significado para cada persona. Qué triste, ¿no?
Aún nos quedan muchas puertas cerradas que encontrarnos. Y esas puertas solo esperan ser abiertas para mostrarnos lo que hay tras de sí. Aunque, al fin y al cabo, una puerta cerrada no es más que una puerta que espera ser abierta.
¿La abres?
No hay comentarios:
Publicar un comentario