domingo, 29 de noviembre de 2015

El primer hombre de mi vida

Nacemos y un mundo maravilloso se asoma en el horizonte.

Lo tenemos todo. Pero poco a poco, conforme vamos creciendo,
nos damos cuenta que las cosas cuestan. Que donde ayer no había
una piedra hoy tienes que hacer malabares para esquivarla. Y que
la vida duele.

Dicen que no soportarás en la vida más dolor y más peso del que
eres capaz de soportar, pero gracias a eso, yo, he conocido los
subpisos de mi vida. Y no es nada agradable tener la sensación
de ir cayendo sin saber cuándo tocarás suelo. Pero, resulta irónico
como cuando por fin consigues tocarlo, el suelo se convierte en
arenas movedizas, y aparece un terremoto que hace que te desestabilices.

Crecemos y vamos descubriendo cosas, quitándonos vendas, viviendo
al límite, equivocándonos, encontrándonos con calles sin salida....

Encontramos el amor, o eso creemos. Juramos 'para siempres' y no
medimos las consecuencias. Actuamos sin pensar y obtenemos desastres
naturales que afectan la estabilidad de los cimientos que tú mismo has ido
construyendo. Lo que creías fijo, se mueve. Ya nada encaja. El puzle se ha roto.
Solo hay pedazos que has de reconstruir. Y empleas tu tiempo, tus ganas,
tus fuerzas, tus energías para que lo que había al principio vuelva a aparecer.

Pero nada es lo mismo. Algo que se rompe es imposible que se parezca
a como estaba antes de que sufriera algún rasguño. Ése es tu corazón ahora.

Porque, ahora que estás leyendo esto, estás imaginando cada una de las cosas
que hay aquí escritas. Recuerdas tu vida, tu infancia, tus padres, tus amigos,
tu primer amor, todo lo que has tenido que pasar para llegar hoy ahí.

Toca terminar. Ponerle fin a algo. A esto.

Yo nunca he sido de finales. Los odio. No me gustan.

Pero sé que este final no es triste, ni efímero, ni quedará olvidado. Sino
que es un final infinito.

Parece mentira pero conocí el amor de mi vida nada más nacer. Siempre estuvo
ahí. En mis primeras caídas, en mis primeras palabras, en mis primeros momentos,
en las situaciones importantes.

Siempre ahí.

El primer amor de la vida de una persona no se olvida, aunque quieras.
Porque esa persona se queda en tu memoria y en tus recuerdos a pesar de todo.
Esa persona se convierte en un pilar tan fundamental, que aunque todos los cimientos
de mi vida se tambaleen o se caigan, jamás se va a mover de su sitio. Del sitio que le
corresponde.

Y esa persona es: mi padre.

Gracias por ser el primer amor de vida y el primer hombre que me hizo ver
que nada es fácil, y que quien quiere algo lo consigue aunque cueste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario