Las cosas cambian a una velocidad de vértigo. Y es que, cuando menos te lo esperas, llega esa persona que te rompe todos los esquemas. O llega ese amigo que tanto estabas buscando.
La vida me enseñó que es mejor no buscar nada, no forzar nada. Porque si de verdad es para ti, si tu camino y el suyo están unidos, da igual el tiempo que pase, porque tarde o temprano será tuyo. Pasa con las personas. Pasa con las cosas.
Miro atrás y veo que ya no soy adolescente. Que el tiempo ha pasado. Que mis gustos no son los mismos. Que he ido cumpliendo sueños, y otros están en proceso.
Pero aún sigo viendo esa adolescente cuando me miro en el espejo. Esa que lo sentía todo con muchísima intensidad. Esa que le daba igual llorar que reír, porque al fin y al cabo son sentimientos que dan vida y no vale de nada hacerles el vacío.
Miro atrás y recuerdo mi entrada a primaria. Crecía. Después, en apenas dos pestañeos entré al instituto. Creciendo. Conocí a gente nueva. Gente que me marcó. Gente con la que viví buenos momentos, pero que ahora se han convertido en malos. En definitiva : me alegra, hoy, de que fueran gente y no personas.
Yo siempre digo que eres lo que eres por las cosas que te ha tocado vivir. Creces cuando te das cuenta que caer implica levantarse. Pero, ¡qué fácil es caer y cuánto cuesta levantarse!
Muchas veces nos queremos muy poco, por querer mucho a otras personas. Pero el amor propio es el único amor que vale.
Miro atrás y comienzo a formar mi chaleco anti-balas. Comienzo a equivocarme, a descubrir la ilusión por conocer a una persona. A gustarme alguien. A confundir "amor" con "el pavo que implica ser adolescente". A ser una obsesa de un chico que solo se iba a acercar a mí en sueños.
Y es que la adolescencia es lo que tiene. Es un cóctel de hormonas dispuestas a volver loco al más cuerdo.
Miro atrás y recuerdo tener las cosas claras al terminar el bachillerato. Lo difícil que me lo puso la vida para cerrar esa etapa de mi vida. Pero, hoy, puedo decir que LO CONSEGUÍ. Y me siento muy orgullosa de mí misma. Muy pocas veces me siento así, porque he conseguido muy pocas cosas que han merecido la pena. Pero las cosas que he conseguido, aunque sean pocas, valen por mil.
Cerrando otra etapa : el instituto. Y, ¿ahora qué? Tenía dos caminos frente a mí, y uno ya sabía de antemano que no quería atravesarlo. Así que me decidí por mi primera opción. No fue fácil. La vida, otra vez, no me lo quiso poner todo en bandeja de plata y decidió probar mi fuerza (que no sabía que tenía).
Pasé un año desierto. Vacío. Sabático. Sin tráfico. Sin personas. Sin gente. Sin NADA.
Andé el camino que había eliminado desde un principio, esforzándome todo lo que pude. Pero no conseguí llegar a la cima. Me quedé a medio camino, y todo se vino abajo. Ahora tenía la oportunidad de nuevo de conseguir andar el camino que quería. Pero no pudo ser. Tenía que reanudar la marcha por el otro camino. Se ve que no había mostrado la suficiente fuerza como para intentar conseguir subir a esa cima que, cada vez, se me hacía cuesta arriba.
Llegó septiembre y con él la segunda oportunidad que tenía para saber por dónde iba a ir mi vida a partir de ahora. ¿Qué camino sería para mí? ¿El que tanto quería, pero que por circunstancias no había conseguido empezar? o ¿el camino que no quería por nada del mundo, pero que había conseguido avanzar pese a las piedras que me había ido encontrando?
Lo había conseguido. Había llegado a la cima y me había dado una lección a mí misma de que yo puedo con todo. Que no hay nada difícil. Que todo está en mi cabeza. Y que los límites no existen, que somos nosotros los que nos los ponemos.
Había llegado a la cima de aquel camino que no quería recorrer, pero seguía queriendo el otro camino.
Y cuando parecía que el camino que quería me daba la espalda y me había puesto una valla imposible de saltar para que no comenzara mi viaje por él, algo, el destino, la vida, lo que sea, me dio la oportunidad de empezarlo. ¿Cómo iba a decir que no si era lo que quería?
Miro atrás y recuerdo comenzar dos años maravillosos, llenos de ilusión y alegría por estudiar, por fin, lo que quería desde (se puede decir) siempre.
Y es que mirando atrás me he dado cuenta que, si hubiera vivido esos dos años cuando yo quise no hubiera salido todo igual. Y no me arrepiento.
Hoy, estoy apunto de de comenzar otra etapa. Pero no es una etapa normal, sino global. Una etapa nueva en todos los sentidos. Y estoy taaaan feliz e ilusionada por ver cómo se va a desarrollar, que quiero vivirla YA.
Pero todavía no, que donde mejor se está es de vacaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario