Siempre mirando atrás. Como si hacerlo nos ayudara en algo. ¿De qué sirve recordar el pasado cuando lo qué está sucediendo determina tu futuro?
Amamos y nos duele. Un amigo se va y nos duele. A veces siento demasiado, y otras veces tan poco.... Y mi gran defecto es que suelo querer más de lo que debo. Y a cada paso un precipicio. Y a cada precipicio una bonita forma de seguir viviendo. O muriendo. Según se mire.
Nos aferramos a la última oportunidad. Para todo. Aunque esa oportunidad penda de un hilo. Aunque ya no se sostenga y lo que os unía se haya roto para siempre. Aunque de nada sirva intentarlo una vez más. Nos aferramos.
Y mi vida sigue siendo una continua lucha. Y aunque nos separen miles de kilómetros, tengamos distinto color de piel, hablemos distinto idioma, tengamos vidas distintas.... sé que una lágrima tiene el mismo significado aquí que en Pekin. Que echar de menos lo sientes igual que yo. Y que las derrotas son asumidas, porque otra cosa no, pero orgullo me sobra.
Quizá me complique la vida. Pienso demasiado en el camino andando, en qué momento me pude equivocar para que "esa" persona me abandone, qué hice mal, si hice algo que le molestara. Pero, ¿sabes qué? Ya no más. Aunque me juegue el corazón en cada herida, la vida sigue, y ya es hora de entender que nadie está por nadie. Que 24 horas son suficientes para perder a toda la gente que tienes a tu alrededor. Y que el vaso gota a gota se va llenando. ¿Estás preparado para cuando se desborde?
Yo no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario