Porque el amor puede ser el color que tú elijas. Y aunque hagas todo lo posible para que esa persona a la que tanto quieres no se vaya de tu vida, tarde o temprano, sea por lo que sea se va. Y tu corazón enmudece. Entristece. Se vuelve gris. Negro.
Y ya el amor cambia de color.
Como cuando empiezas con ilusión una relación y luego descubres que lo único que te unía a esa persona era que no la conocías. Y te arrepientes de no haberte quedado ahí, en un segundo plano, viéndola cada día sin dirigirle la palabra. Pero siempre es más tentador llegar a las cosas inalcanzables que a las que tenemos a escasos pasos.
Y te encuentras sola, otra vez, autonconvenciéndote de que nadie te merece. Y todo tu cuerpo experimenta miles de sensaciones y sentimientos que jamás se han atrevido a tocarte.
El amor es azul. Como el cielo en verano. Como tu color favorito. O esa camiseta que guardas en tu armario, tú favorita. Como ese helado que sabe a golosinas.
El amor es amarillo. Como su pelo. Como la flor que te regaló al segundo día de quedar. Como el sol cuando brilla porque está contento. Como el limón que siempre te comes sin nada, porque te hace gracia la cara que pones cuando lo chupas.
El amor puede ser el color que tú decidas. El que tú quieras.
¿De qué color es tu amor?
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