Se cree que me tiene por 4 polvos mal echados. Fuimos muy deprisa. Éramos imparables, pero la distancia decidió jugar al "yo te olvido" y fueron pasando los días. Pero el calentón seguía ahí. No era lo mismo sin ti. La vida tenía otra perspectiva encima de ti. Se creía Dios el hijo de puta. Y siempre presumía del Rey que, según él, decía que era en la cama. Y en realidad lo era. Aunque tampoco era para tanto. Sabía cómo ponerme cachonda. Tenía las llaves de mis piernas y siempre corría (o se corría) por conseguir las de mi corazón. Jamás lo consiguió.
Hoy es 14 de enero, y aunque el frío cale mis huesos, sigo teniendo sed de él. Ganas de él. Hace 2 años que no nos vemos, no sabemos nada el uno de otro. Y aunque el destino se haya interpuesto para separar este amor pasional y lujurioso del que soy presa, estoy segura de volver a verle.
Son las 5 de la tarde y, como cada día, recorro los lugares en los que fuimos descubiertos por la lujuria. Follando sin descanso para no perdernos nada.
Y ahí le veo. Como siempre. Con unos años de más y la misma expresión de su rostro que parece gritar : «hazme tuyo para siempre». No bastó decir nada.
El primer beso contenía tras de sí millones de besos más. Y las ganas habían reventado el termómetro del amor.
Sonrisas tras acabar. Pensamientos cruzados. Momentos revividos. Pasión carnal.
¿Amor verdadero? Puede.
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