Eras la persona correcta en el momento equivocado. Y yo, que me siento fuera de juego, elegí equivocarme siempre. Y tú, cansado de usar tus armas, no pudiste combatir conmigo y acabamos en la cuarta o quinta Guerra Mundial. No recuerdo bien. Siempre fuimos nuestra salvación y a la vez nuestro precipicio. Éramos expertos en hacer añicos el vaso cuando la última gota caía y lo reventaba por completo. Siempre alerta, por si el otro decidía comenzar una discusión por cualquier cosa. Y aquí la víctima ya sabíamos quién era. Nunca hablábamos. Lo hacíamos todo gritando. Solo hacíamos dos cosas : discutir gritando o follar gritando. Ése era nuestro modo de vida. Nuestra manera de demostrar lo que nos queríamos. Pero nos hacíamos daño. Tanta pasión iba a acabar con nosotros y con lo que habíamos formado. Y así fue. Tú eras la persona correcta en el momento equivocado, y yo era la persona incorrecta en el momento exacto. ¿Cómo iba a funcionar una relación así?
No hay comentarios:
Publicar un comentario