Pasamos el tiempo esperando. Esperando una llamada, el amor, una persona que merezca la pena, un amanecer que enamore. Pero pasan los días, los meses, los años, y todo es lineal. Pesan los daños, los malos momentos. La vida. El rencor acumulado.
Qué frágil es todo cuando eres débil. Y es que muchas veces, o siempre, las palabras y los actos duelen doler más que los golpes. Desilusiones. Sonrisas. Darlo todo. Ilusionarse.
Muchas veces buscamos culpables a nuestros fracasos, cuando en realidad somos nosotros el enemigo. Confundimos sentimientos. Jugamos a enamorarnos olvidando que podemos perder lo más preciado : el corazón.
A veces arriesgamos sin pensar. Porque sí. Porque dejamos la cabeza de lado y vamos con el corazón por delante. Otras veces, en cambio, pensamos las cosas tanto que se nos pasa subirnos al tren de las oportunidades. Y sólo hay un billete que pasa una vez en la vida.
Nunca hay término medio. O todo o nada. Y así está compuesta mi vida.
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