jueves, 3 de abril de 2014

Yo suelo querer más de lo que debo

Pasamos el tiempo esperando. Esperando una llamada, el amor, una persona que merezca la pena, un amanecer que enamore. Pero pasan los días, los meses, los años, y todo es lineal. Pesan los daños, los malos momentos. La vida. El rencor acumulado.

Qué frágil es todo cuando eres débil. Y es que muchas veces, o siempre, las palabras y los actos duelen doler más que los golpes. Desilusiones. Sonrisas. Darlo todo. Ilusionarse.

Muchas veces buscamos culpables a nuestros fracasos, cuando en realidad somos nosotros el enemigo. Confundimos sentimientos. Jugamos a enamorarnos olvidando que podemos perder lo más preciado : el corazón.

A veces arriesgamos sin pensar. Porque sí. Porque dejamos la cabeza de lado y vamos con el corazón por delante. Otras veces, en cambio, pensamos las cosas tanto que se nos pasa subirnos al tren de las oportunidades. Y sólo hay un billete que pasa una vez en la vida.

Nunca hay término medio. O todo o nada. Y así está compuesta mi vida.

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