Pasan los días y ahí seguimos, malgastando oportunidades. No sabemos quedarnos con quien de verdad nos merece y perdemos el culo por esa persona que pasa de nosotros. Sufrimos. Perdonamos. Olvidamos. Volvemos a la misma historia. Y lloramos. No aprendemos. Apartamos la piedra que nos impide avanzar, pero olvidamos que el camino está lleno de ellas. Y de árboles. De bosques que nos impiden ver el final del trayecto. Y aun así nuestro corazón sigue funcionando, bombea con fuerza y jamás se cansa de seguir peleando y luchando. ¿Por qué nosotros si? Una piedra no puede ser el final de nuestro sueño. Tenemos que caer, retroceder, parar, ver lo que pasa a nuestro alrededor, crearnos alas si es preciso, pero jamás parar. Nunca. Las horas pasan y parece que no contaran. Días de copia y pega, personas de mentira, sentimientos temporales, sonrisas fingidas. Nada es lo que parece. La gente se cree con todo el derecho del mundo de dañar el corazón y olvidar todas las promesas que un día se hicieron con la otra persona. Ya no vale el "para siempre", porque la gente ha matado su significado. Y con él las ganas de encontrar a alguien que de verdad valga la pena. Porque cuando menos te lo esperas aparece alguien que te sonríe a la cara, pero tiene el puñal preparado para hacerte sangrar, y aprovechar tu debilidad para jugar con tu corazón mientras vas muriéndote poco a poco.
Y así con todo.
El miedo a lo desconocido va a ser probablemente la piedra más grande que encontremos en nuestro camino. Pero una piedra, por muy grande que sea, no puede tener inteligencia. Así que si no soy capaz de vencer a una piedra, entonces sí que tengo un problema. Chojin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario