Nadie va tras de mí. Y, a veces, la soledad es la única compañía disponible.
Los trenes pasan y nunca cojo ninguno. Por miedo. Lo desconocido nos asusta y evitamos arriesgar por miedo a fallar.
Una vez que entiendes que la única persona que se merece estar en tu vida es aquella que está a tu lado, la que te busca cada día, la que se la suda los kilómetros que os separen porque siempre habrá algo que os una, la que mantiene sus promesas.... Descubrirás que no a todo el mundo se le dice "amigo", que las promesas son débiles y son difíciles de mantener.
Por eso debemos actuar como si no tuviéramos corazón, porque cuando alguien se lo merezca : lo sabremos.
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