Las promesas. Eso que regala la gente y luego se olvida. Y es que la mayoría de nosotros, por no decir todos, hemos hecho alguna promesa que por falta de tiempo o de interés no hemos conseguido cumplir.
Y duele. ¿Por qué no? No cumplir algo es fallarte a ti mismo. Y aún más importante, a esa persona. Por eso tenemos que tomar conciencia de que todo lo que decimos a lo largo del día repercute en nuestros actos, y por consiguiente, en nuestro destino.
¿Cuántas veces hemos dicho eso de «si hubiera escogido otro camino» « si hubiera dicho aquello que me callé»? Seguro que todo se hubiera desarrollado de otra manera.
Pero piensa que, si no escogiste ese camino fue porque en ese momento lo sentiste así. Y eso nadie lo puede cambiar.
Por eso, cuando hagas una promesa, NO LA ROMPAS. Porque hoy estarás perdiendo a una persona, con la certeza de que más adelante encontrarás a otra. Pero, cuando te pierdas a ti mismo por no cumplir la promesa que te hiciste, ¿qué?
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