Nadie se da cuenta de lo que duele un rechazo, hasta que vas tú y lo haces.
Y es que las palabras suelen doler más que algunos golpes.
¿Sabes?
Todo sobra cuando la realidad es otra. Y es que cuando todo comienza a tambalearse
sabes que costará reconstruir cada pieza que se ha caído.
Luego empiezan los lamentos. Los "lo veía venir, pero como soy masoca quería
estrellarme contra la pared sin medir lo que duele".
Y es a solas cuando en verdad te conoces. Porque el silencio es el mayor de los
confidentes cuando se trata de evaluar tu vida. Es como cuando intentas buscar lo perfecto
y te das cuenta que lo perfecto son los instantes que te rompen por dentro y haces
que sonrías.
En la oscuridad te vienen mil pensamientos y comienzas a entender porqué esa persona
a la cual le dedicabas todo tu tiempo ahora no se encuentra en el rincón que guardaste
para ella. O cómo la relación que te unía a esa persona especial se ha ido evaporando
sin que apenas te des cuenta. O también comienzas a entender que estás destinad@ a
perder personas para poder dejar que otras entren y te completen para que después se
vuelvan a ir y te quedes vací@.
¿Lo notas? Es la misma historia de siempre. Las mismas personas que te prometen
un "para siempre" y luego se acaban distanciando. Pero esperas y esperas a que
esa persona se dé cuenta de que te ha perdido, luchas por conseguir que vuestra
relación sea igual que antes, pero no sirve de nada. Porque aunque pongas todo
de tu parte, si la otra persona no quiere mover ni una piedra por ti, ¿por qué tienes
que mover montañas por ella?
Reflexiona. Que a base de palos sabes de qué trata la vida. Y es que ella es la única
que te moldea para que seas más espabilad@ y entiendas que no todos son como
tú crees.
¿Orgullo? ¿Enfado? No habían entrado aquí hasta ahora.
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